El castillo de Cicala, llamado también Castelcicala, está en lo alto de la colina del mismo nombre, en Nola. Sobre sus orígenes no hay noticias ciertas: según algunos historiadores lo construyeron los nolanos en el siglo V, después de que los vándalos de Genserico devastaran la ciudad de abajo; según otros es obra de los lombardos, de los príncipes de Benevento. Un documento de 934, conservado en la abadía de Montevergine, lo describe en parte destruido. Se restauró entre los siglos XI y XII bajo los normandos, quizá por intervención de Roger II: en aquel periodo se rodeó de murallas y sirvió de base para mantener sitiada Nápoles.
Qué ver
Quedan las murallas, a las que se puede subir por varias escaleras de piedra, y dentro un patio. Las salas se han restaurado y se usan para acoger eventos.
Los dueños fueron muchos. En 1269 Carlos I de Anjou donó el condado de Nola, castillo incluido, a Guido de Montfort; después vinieron los Orsini, que lo tuvieron unos dos siglos, hasta 1532, usándolo poco y confiándolo a un castellano. En el siglo XVII cambió de manos varias veces: en 1640 se vendió a Ladislao, rey de Polonia, y en 1660 pasó a los Ruffo, que lo habitaron hasta la unidad de Italia. Los últimos propietarios laicos, los condes Sallier de la Tour, lo donaron a los capuchinos.
La visita
Como las salas sirven para eventos, conviene comprobar antes de subir si el castillo está abierto a los visitantes y cuándo.
El consejo de la redacción
El nombre no tiene que ver con el insecto, la cigarra: vendría del griego «gea calos», es decir, tierra hermosa.



