En 1863 Giuseppe Fiorelli entendió que los huecos de la ceniza endurecida no eran defectos de la excavación: eran los propios pompeyanos, cuyos cuerpos se habían deshecho dejando su forma. Hizo verter yeso líquido en esas cavidades y obtuvo los vaciados que aún conservan las posturas del último día. La erupción del Vesubio del año 79 había sepultado la ciudad bajo cenizas y lapilli en pocas horas y la mantuvo sellada casi 1.700 años. Las excavaciones empezaron en 1748 por voluntad de Carlos III de Borbón, que en realidad buscaba Estabia; solo en 1763 una inscripción con las palabras Res Publica Pompeianorum aclaró de qué ciudad se trataba. Fiorelli dividió el área en regiones e insulae, el sistema de direcciones todavía en uso, y entre 1870 y 1885 mandó levantar el primer plano completo. Desde 1997 el yacimiento es patrimonio mundial de la UNESCO y en 2024 registró 4.069.377 visitantes.
Qué ver
El Foro, pasada la Porta Marina, era el centro de la vida pública: alrededor de la plaza quedan la basílica, el templo de Júpiter con el Vesubio justo detrás, el macellum donde se vendían carne y pescado y los Graneros, hoy llenos de ánforas apiladas y algunos vaciados. De allí arranca la Via dell'Abbondanza, el decumano empedrado que cruza la ciudad hasta la Porta Sarno y pasa junto a las Termas Estabianas, el conjunto termal más antiguo, con suelo caldeado y estucos mitológicos. En el extremo opuesto está el Anfiteatro, levantado entre el 80 y el 70 a.C. para unos 20.000 espectadores: uno de los más antiguos y mejor conservados del mundo. En el año 59 el senado lo cerró diez años tras una reyerta entre pompeyanos y nucerinos.
La casa mayor es la Casa del Fauno: 3.000 metros cuadrados, dos atrios, dos peristilos y el mosaico de la batalla entre Alejandro y Darío, hoy en el Museo Arqueológico de Nápoles como casi todas las piezas móviles. La Casa de los Vettii conserva el Príapo pintado en la entrada, la cocina con las ollas en su sitio y las paredes de ese rojo que lleva el nombre de la ciudad. El lupanar de la regio VII tiene cinco cuartos por planta, camas de obra y unos 200 grafitos rayados por clientes y prostitutas. Fuera de la Porta Ercolano, la Villa de los Misterios guarda el ciclo de figuras a tamaño natural que le da nombre.
La visita
Lo más cómodo es el tren: la línea Circumvesuviana Nápoles-Sorrento para en Pompei Scavi-Villa dei Misteri, a pocos minutos a pie de la Porta Marina, la entrada principal. Dentro se caminan kilómetros sobre empedrado antiguo y desigual, así que el calzado cerrado y el agua pesan más que cualquier guía. El recorrido esencial, Foro, Termas Estabianas, Via dell'Abbondanza y Anfiteatro, pide al menos tres horas; con las casas pintadas y la Villa de los Misterios se llega sin esfuerzo a media jornada. Muchas casas abren por turnos, conviene reservar en línea y mirar la lista de edificios abiertos ese día antes de entrar.
El consejo de la redacción
Entramos al abrir y vamos directos al Anfiteatro, en el extremo contrario a la entrada: a esa hora los grupos siguen en el Foro y la Palestra Grande está vacía. Luego volvemos hacia el centro por la Via dell'Abbondanza, a contracorriente. Y dedicamos un cuarto de hora a los vaciados de los Graneros del Foro: después de mirarlos, el resto de la visita pesa de otra manera.






