Antes de la iglesia hubo una capilla bizantina, levantada entre los siglos VI y VII en agradecimiento por la toma de la antigua colonia romana de Luni. El rey lombardo Rotario la mandó arrasar. En el siglo XI se empezó de nuevo en el mismo lugar, el punto más alto de la pequeña aldea amurallada de Nicola, y de aquella reconstrucción desciende la iglesia de los Santos Felipe y Santiago. En el siglo XV, ampliada la jurisdicción de Nicola, el edificio fue elevado a parroquial y se fundó la parroquia.
Qué ver
La fachada hoy es amarilla; antes era rosa. A ambos lados del frontón se alzan las estatuas de mármol de los dos santos titulares. Dentro, planta de cruz latina, una sola nave y decoración barroca, resultado de dos obras sucesivas: en el siglo XVI la iglesia se alargó hacia la plaza y se levantó más de un metro, y en el XVII una segunda campaña de consolidación y ampliación le dio la forma actual. Las restauraciones de 1820 y 1975 no tocaron ese esquema.
Las obras se reparten casi todas a lo largo de los muros. Junto a la pila bautismal está la estatua de san Juan Bautista, de 1585. En el segundo altar de la izquierda cuelga una tabla pintada del Crucifijo, de la escuela pisano-luquesa del siglo XIII: es la pieza más antigua que guarda el edificio. En el crucero, la Virgen del Rosario es de finales del siglo XVI; en el presbiterio, el relieve de los Doce Apóstoles lleva la fecha de 1537. El lienzo de Riccardo Martinelli, pintor de Carrara, es del siglo XVII.
La visita
Nicola es una aldea de Luni, en la baja Val di Magra, y se llega por la carretera que sube desde Ortonovo entre olivares. El pueblo es estrecho y cerrado: se deja el coche fuera de la muralla y se sigue a pie, cuesta arriba, porque la iglesia ocupa la cota más alta y por eso llega la última. No hay horarios de museo. La parroquia pertenece al vicariato de la Bassa Val di Magra, en la diócesis de La Spezia-Sarzana-Brugnato, y la apertura sigue a los oficios: el domingo por la mañana es el momento más seguro.
El consejo de la redacción
Dense la vuelta en el atrio antes de entrar: desde ahí arriba se ve la llanura donde estuvo Luni, la ciudad cuya conquista celebraba aquella primera capilla. Dentro, dedicamos siempre unos minutos al Crucifijo del siglo XIII, en el tramo más oscuro de la nave. Una linterna pequeña ayuda mucho, y la distancia entre esa madera pintada y el barroco que la rodea compensa el viaje.
