El anfiteatro de la colonia romana de Luna es una elipse de 88,5 metros por 70,2, dimensionada para unos 7000 espectadores. Se construyó en el siglo II d. C., quizá en época antonina, en el barrio oriental de la ciudad y a lo largo del trazado antiguo de la vía Aurelia. Su orientación no es la de la colonia republicana: sigue el reparto agrario de época augústea, que se había superpuesto a la retícula más vieja con otro ángulo. Es el detalle que fecha el edificio mejor que cualquier inscripción: cuando se levantó, la ciudad ya había redibujado su plano una vez.
Qué ver
De las gradas no queda nada: lo que se rodea son las sustrucciones, es decir, los elementos que las sostenían, dispuestos en dos anillos concéntricos de cámaras abovedadas. Escaleras y pasillos abiertos en el anillo interior llevaban a los asientos bajos, la ima cavea; a las filas altas, la summa cavea, se subía por una serie de escaleras practicadas en el anillo exterior. La arena estaba delimitada por un corredor cubierto al que se entraba por accesos abovedados.
Vale la pena mirar los materiales. La masa es toda de hormigón romano, pero algunas partes se revistieron de piedra: las bóvedas de las escaleras con bloquecillos de esquisto del Monte Caprione colocados de forma irregular, el opus incertum; las puertas principales con bloques regulares de caliza gris y cantos de arenisca, la técnica que los arqueólogos llaman petit appareil. También el agua de lluvia estaba resuelta: una canaleta de desagüe a lo largo del corredor de la arena y, en la summa cavea, canalillos de terracota insertados en los muros exteriores. Tejas, tejas curvas y antefijas halladas en las excavaciones indican que el orden superior de las gradas estaba cubierto por una galería.
La visita
El anfiteatro forma parte del área del Museo Arqueológico Nacional de Luni, en el municipio de Luni, provincia de La Spezia, y se visita junto con el resto de la ciudad antigua. Como casi todos los anfiteatros romanos, se alzaba fuera del centro monumental, más allá de los barrios habitados: para llegar hay que salir del circuito del foro. Conviene dejarlo para el final, cuando ya se ha entendido la planta de la colonia: solo entonces la elipse, torcida respecto a las calles, dice algo.
El consejo de la redacción
Aconsejamos dar la vuelta completa al anillo exterior antes de entrar: desde fuera se leen las dos filas de cámaras abovedadas encajadas una en otra y se entiende cómo funcionaba la maquinaria de escaleras. Después buscamos en las bóvedas el esquisto oscuro del Monte Caprione, la piedra de los montes que cierran el llano, montada aquí en un edificio público romano.
