En el año 860 una flota vikinga remontó la costa tirrena y saqueó Luni. Según las crónicas, sus jefes Björn Brazo de Hierro y Hastein creían haber llegado a Roma, y Hastein logró que le abrieran las puertas haciéndose pasar por un converso moribundo. El equívoco dice mucho de lo rica y visible que la ciudad seguía siendo desde el mar. Roma la había fundado en 177 a. C. en la desembocadura del Magra como puesto militar en la guerra contra los ligures apuanos, sobre un emporio etrusco ya activo: el nombre de su puerto, Portus Lunae, aparece en las fuentes antes que la propia colonia.
Qué ver
El área arqueológica conserva la trama rigurosa de la colonia: el foro con el Capitolio, donde en 1851 se halló la inscripción del 155 a. C. dedicada al cónsul Claudio Marcelo por su triunfo sobre los ligures, el teatro y, fuera de las murallas, el gran anfiteatro elíptico levantado en el siglo II bajo los Antoninos, con capacidad para 7.000 espectadores y todavía el edificio más legible del recinto. A finales del siglo VI el foro había dejado de ser un espacio público, y las excavaciones encontraron allí restos de pequeñas casas de madera.
La fortuna de Luna venía del mármol. Desde el siglo I a. C. la ciudad fue el puerto de embarque del mármol blanco de los Alpes Apuanos, el mármol lunense, que salía de aquí hacia Roma junto con madera, quesos y vino; Plinio el Viejo consideraba las grandes ruedas de queso de Luna las mejores de Etruria. El museo arqueológico nacional, dentro del recinto, expone retratos, inscripciones y fragmentos arquitectónicos salidos sobre todo de las excavaciones de los años setenta.
La visita
El yacimiento está en la aldea de Luni Scavi, municipio de Luni —llamado Ortonovo hasta abril de 2017—, en la provincia de La Spezia, entre Sarzana y Carrara y a pocos minutos de la Aurelia. Excavaciones y museo son estatales y dependen de la dirección regional de museos de Liguria: los horarios y el día de cierre cambian con la temporada, así que conviene consultarlos antes de salir. El recorrido es casi todo al aire libre, sobre tierra pisada y hierba: calzado cerrado y, en verano, agua y sombrero.
El consejo de la redacción
Vayan a última hora de la tarde, cuando la luz rasante devuelve las rodadas de los carros, los umbrales y las letras grabadas. Y retengan una fecha: 1471, el año en que Sarzana levantó su ayuntamiento con los sillares llevados desde aquí, pese a una prohibición papal dictada diez años antes. Entre estas ruinas se mira también lo que falta.
