Junto a la iglesia en uso sobrevive otra sin tejado: los muros perimetrales casi enteros, planta de cruz latina, medidas mínimas. En la pequeña bóveda del ábside aún se distinguen restos de pintura, un Cristo rodeado de un cielo estrellado. Es la primitiva Santa Maria Maddalena de Ellera, aldea de Albisola Superiore, sobre una roca que domina el valle del torrente Sansobbia. El paraje se llama «dell'Eremita», el del ermitaño: un viejo dicho local recuerda un pozo que había cerca, y la leyenda atribuye la fundación de la iglesia a un ermitaño, el mismo que habría traído por primera vez el cultivo del olivo a este valle.
Qué ver
El edificio que hoy se usa es de 1590 y está al lado de la ruina, no en su lugar: una sola nave con bóveda de cañón y un campanario cubierto de tejas de cerámica, material que en Albisola nunca es un detalle neutro. La reforma de 1965 puso orden en el conjunto; dentro se conserva una talla de madera de Santa María Magdalena.
La construcción más antigua se atribuye a los monjes de la abadía de San Salvatore di Giusvalla. En el siglo décimo el lugar aparece entre las posesiones de la abadía de San Quintino di Spigno Monferrato, en la zona de Alessandria, fundada tras la destrucción de Giusvalla; algunos estudios fechan también la primera iglesia en la segunda mitad del siglo décimo, mientras que la mención documental más antigua es un acta de 1179. Los dos edificios contiguos suman así casi mil años de uso del mismo espolón rocoso.
La visita
A Ellera se llega remontando el valle del Sansobbia desde Albisola Superiore; la iglesia está en via della Maddalena, fuera del casco urbano, y para aparcar hay que conformarse con el borde de la carretera. La ruina se ve desde fuera y de cerca, mientras que para el interior de la iglesia del siglo dieciséis conviene apuntar a los horarios de culto o preguntar en la parroquia. Media hora basta, salvo que uno se quede mirando el valle.
El consejo de la redacción
Recomendamos la última hora de la tarde: la luz entra rasante en el ábside descubierto y los restos del cielo estrellado se leen mucho mejor que a mediodía. Después damos un paseo por las terrazas de olivos bajo la iglesia: si la historia del ermitaño tiene algo de cierto, desde aquí se extendió el árbol por el valle.
