El paño que cae de la mesa del altar mayor parece tejido bordado, con pliegues y flecos: es mármol, esculpido por Pasquale Bocciardo en 1799. La basílica colegiata de San Biagio está en la plaza del mismo nombre, dentro de las murallas de Finalborgo, el núcleo antiguo de Finale Ligure. San Blas protege a los cardadores de lana, y aquí la lana era un asunto serio: el reglamento de la aduana de Génova de 1128 registra a los habitantes de Finale como exportadores de lana y cáñamo. La iglesia, en cambio, aparece en un documento escrito solo en 1261, con un hospicio para enfermos del que no queda nada. En abril de 1949 Pío XII la elevó a basílica menor.
Qué ver
El edificio actual se levantó entre 1633 y 1650 según un proyecto del arquitecto finalés Andrea Storace: planta de cruz latina, tres naves, cúpula central. Sustituyó a una iglesia gótica construida dentro de las murallas entre 1372 y 1375, demolida casi por completo por haberse quedado pequeña y con el eje girado noventa grados respecto al nuevo; el ábside y las capillas absidales del siglo XIV sobreviven en el espacio estrecho entre la fábrica del siglo XVII y la muralla del burgo. El campanario octogonal, de finas ventanas geminadas, se apoya en una torre defensiva anterior a 1452. La fachada quedó en bruto, nunca terminada.
Buena parte del mobiliario no nació aquí: llega del convento de Santa Caterina, confiscado primero por Napoleón y después, en 1864, por el Estado italiano. En el primer altar de la derecha hay un tríptico con las bodas místicas de santa Catalina de Alejandría: cuando lo trasladaron a San Biagio, san Gotardo se convirtió en san Blas poniéndole en la mano un peine de cardador. En el segundo altar, el gran retablo de Pascale Oddone, fechado en 1533. Están además el púlpito de mármol de Pasquale Bocciardo, con la visión de Ezequiel y los tetramorfos, y los frescos de la cúpula y de la bóveda del presbiterio, pintados en 1878 por Francesco Semino y Domenico Buscaglia.
La visita
Finalborgo se recorre a pie: los coches se quedan fuera de las puertas y la plaza está a pocos minutos de Porta Testa. La basílica es la parroquial del burgo, en la diócesis de Savona-Noli, y se visita en los horarios de culto; a primera hora de la tarde puede estar cerrada. Dentro hay poca luz: conviene dar un minuto a los ojos antes de buscar los detalles de las capillas laterales.
El consejo de la redacción
Salimos siempre por detrás, al pasillo estrecho entre la iglesia y la muralla: allí se tocan los muros del ábside gótico, lo único que queda de la iglesia del siglo XIV. Después volvemos ante el altar mayor y miramos el paño de mármol de lado, a contraluz bajo la cúpula.
