En la fachada que mira hacia el casco antiguo hay una estatua, y no representa a un santo cualquiera: es Jacobo de la Vorágine, el cronista nacido en Varazze hacia 1230 y muerto como arzobispo de Génova en 1298, autor de la Leyenda dorada, la colección de vidas de santos que fue uno de los libros más copiados de la Edad Media europea. El palacio que lleva su nombre está en el centro histórico de Varazze y fue durante mucho tiempo la sede de la administración municipal.
Qué ver
La estatua es el motivo para meterse por los callejones en vez de quedarse en el paseo marítimo: mira al pueblo, no al mar, y recuerda que la localidad y su vecino más ilustre llevaron el mismo nombre. Varagine era el topónimo medieval de Varazze y significaba el lugar donde se botan los barcos; en la firma del cronista ese nombre viajó por todas las bibliotecas de manuscritos de Europa.
El segundo detalle está en el lado opuesto. Hacia el paseo, el edificio se apoya en una torreta y allí, pintado al fresco, aparece el escudo de la ciudad, las mismas armas concedidas a Varazze por real decreto en 1864, el año en que recibió el título de ciudad. Merece la pena rodear el edificio entero, porque sus dos caras dan a dos Varazze distintas: los callejones por un lado, el paseo y la playa por el otro.
La visita
El palacio se levanta en el núcleo antiguo, sobre la loma que separa el litoral del valle del torrente Teiro y que conserva su trazado del siglo XI. El burgo estaba cerrado por murallas y cinco puertas: quedan restos del recinto, y la puerta occidental sigue siendo el acceso natural a pie. No hay entradas ni horarios, se observa desde fuera, y en cinco minutos se pasa de la fachada interior a la torreta asomada al paseo.
El consejo de la redacción
Nosotros lo miramos dos veces en el mismo recorrido: primero desde el callejón, con la estatua del beato casi encima de la cabeza, y luego desde el paseo, cuando la luz de la tarde da de lleno en el escudo de la torreta. Entre las dos paradas conviene entrar en la colegiata de Sant'Ambrogio, a pocos metros, que guarda un políptico de Giovanni Barbagelata y una tabla de Luca Cambiaso: media hora más y el centro histórico queda cerrado.
