Situado a casi 400 metros de altitud sobre la peña que domina Taormina, el castillo de Monte Tauro se levanta en el área de la antigua acrópolis inferior de la ciudad griega y romana de Tauromenion. En los documentos históricos el asentamiento se distinguía como castrum inferior por contraposición al castrum superius de Castelmola. La primera estructura fortificada se construyó en época bizantina como puesto avanzado contra las incursiones árabes. Entre los siglos IX y X la fortaleza fue escenario de prolongados asedios sarracenos, que culminaron con la caída de 969. En 1078 el Gran Conde Roger conquistó la peña colocando veintidós torres de madera para cortar todo abastecimiento por tierra y por mar.
Qué ver
La fortificación actual conserva sobre todo elementos que remiten a la arquitectura de época federiciana, fruto de las reformas que quiso Federico II de Suabia en el siglo XIII, a las que se sumaron intervenciones en las murallas en el siglo XV. Desde la peña se domina un panorama que abarca el estrecho de Mesina al norte, el valle del río Alcantara y las laderas del Etna al sur, el caserío de Catania a lo lejos y la cadena de los Peloritani al oeste. En el mismo relieve se encuentra el santuario de la Madonna della Rocca, fundado hacia 1640. Entre el castillo y la fortificación de Mola se alzaba además la torre Malvicino, erigida por voluntad del rey Luis de Sicilia.
La visita
La estructura fue citada en 1154 por el geógrafo árabe al-Idrisi en el Libro de Roger como fortaleza defensiva situada en la cima del risco. A lo largo de los siglos la castellanía se confió a distintas familias nobles, entre ellas los Lucchesi Palli, los Asmundo, Bernardo Orioles, Riccardo Marchese, Federico Spadafora y Antonio Balsamo. El sitio ofrece la superposición entre el recinto amurallado medieval y la posterior arquitectura religiosa del siglo XVII.
El consejo de la redacción
Desde lo alto de la peña conviene observar el amplio sector defensivo que se abre hacia el valle del Alcantara y el Etna: la vista permite entender la elección estratégica del Gran Conde Roger, que en 1077 tuvo que rodear todo el perímetro con torres de madera para interrumpir las vías de comunicación.
