En torno al nombre de Arzignano se han acumulado leyendas que los estudiosos han ido desmontando: la de un templo dedicado al dios Jano, Arx Jani, no tiene ningún respaldo arqueológico, y tampoco la hipótesis de un noble romano llamado Argenius, propietario de la finca, resiste un examen serio. Más sólida parece la derivación del véneto arzere, dique: un nombre que cuenta siglos de lucha de los campesinos del fondo del valle contra las crecidas del torrente Chiampo, como en los municipios homónimos de Arzergrande y Cavarzere, nacidos todos a orillas de ríos impetuosos. Sobre la aldea de Castello, la explanada de San Matteo conserva todavía los bloques escuadrados de un castro de la Edad del Bronce, anterior a la fortaleza escaligera construida sobre los restos de una fortificación romana.
En enero de 1413 esa fortaleza fue asediada por las tropas húngaras de Pippo Spano, al servicio del rey Segismundo en guerra contra Venecia. A los habitantes de Arzignano, sin apenas víveres, solo les quedó un voto a santa Ágata, y el cinco de febrero, día de su muerte, se levantó el asedio, quizá engañados por la estratagema de arrojar desde las murallas grano y comida para simular abundantes reservas. Desde entonces, cada año una procesión con trajes medievales renueva aquel voto, ofreciendo cera y ducados de plata a la parroquia de santa Ágata, y ha dado lugar a un hermanamiento con Catania, ciudad natal de la santa. Hoy el valle vive sobre todo del curtido de pieles, un distrito industrial que ha transformado el paisaje del valle del Chiampo.