El otoño es la estación en la que los pueblos italianos vuelven a quienes los habitan. Las multitudes de agosto se han ido, en los campos se recoge lo que se ha cultivado todo el año y los bosques cambian de color semana a semana. Es también el momento en que muchos pueblos festejan su producto: el vino, las castañas, el azafrán, el aceite. Hemos elegido diez pueblos que en estos meses tienen un motivo más para ser visitados, del Piamonte a Sicilia, y de cada uno contamos qué se encuentra y por qué ir justo ahora.
Los diez pueblos
1. Barolo y La Morra, en las Langhe
En octubre se vendimia el nebbiolo en las colinas de las Langhe, y las viñas se vuelven amarillas y rojas. Barolo, que dio nombre al vino, está sobre un espolón protegido por las colinas: en 1250 los Falletti compraron los bienes del pueblo al municipio de Alba, y su castillo alberga hoy el museo del vino. La última marquesa, Juliette Colbert, al morir en 1864 lo dejó todo a la Opera Pia Barolo. A pocos kilómetros, La Morra contempla todo el valle desde su mirador: en los estatutos del pueblo, en 1402, aparece por primera vez en la zona el nebbiolo, escrito Nebiolium. Desde 2014 los paisajes vitivinícolas de Langhe, Roero y Monferrato son patrimonio de la UNESCO, y el 10 de octubre abre en Alba la Feria internacional de la trufa blanca.
2. Montalcino, en el Val d'Orcia
Cuando Siena cayó, en 1555, los últimos republicanos se refugiaron aquí, y durante cuatro años Montalcino fue la República de Siena. La fortaleza del siglo XIV que los acogió domina todavía el pueblo, entre murallas y callejuelas. El brunello, nacido del sangiovese gracias a la familia Biondi Santi en el siglo XIX, fue en 1980 uno de los primeros vinos italianos en obtener la DOCG. En otoño las colinas de alrededor, parte del Val d'Orcia patrimonio de la UNESCO desde 2004, toman los colores de la vendimia, y la abadía románica de Sant'Antimo está a diez minutos entre olivares.
3. Montefalco, el balcón de Umbría
Desde 1568 lo llaman el Balcón de Umbría, porque desde sus miradores se ve todo el valle entre Perugia y Spoleto. La tradición dice que el nombre lo eligió Federico II, impresionado por los halcones que volaban sobre la colina. En la antigua iglesia de San Francesco, hoy museo, Benozzo Gozzoli pintó las historias del santo, y hay también una Natividad del Perugino. Alrededor del pueblo crecen las viñas del sagrantino, DOCG desde 1992: en otoño se recogen las uvas, y el paisaje es el motivo por el que el balcón merece el viaje.
4. Marradi, los domingos de la castaña
Marradi está en la provincia de Florencia pero en la vertiente romañola de los Apeninos, y aquí se habla romañol. Cada domingo de octubre hay en el pueblo fiesta de la castaña, y hay quien llega en tren por el valle del Lamone. El fruto de la casa es el Marrone del Mugello, IGP desde 1996: se distingue de la castaña común porque menos del 12% de los frutos está dividido por la piel interior, y la cáscara se quita sin esfuerzo. En la mesa se pide la torta di marroni, el pastel de castañas. Aquí nació en 1885 el poeta Dino Campana, autor de los Cantos órficos (1 de octubre).
5. Navelli, el pueblo del azafrán
En la llanura de Navelli, en la provincia de L'Aquila, la segunda quincena de octubre se pasa agachado entre los surcos. Las flores del azafrán se recogen al alba, antes de que se abran, y a mano se separan los tres estigmas rojos; después el tostado sobre las brasas les hace perder cinco sextos de su peso, y para un kilo de Zafferano dell'Aquila DOP hacen falta unas doscientas mil flores. La denominación es de 2005, pero el cultivo se remonta al siglo XIII, cuando según la tradición un fraile de la familia Santucci trajo la planta de España. El pueblo, nacido de la unión de nueve aldeas, se alza sobre la llanura (4 de octubre).
6. Brisighella, sobre tres colinas de yeso
Brisighella se apoya en tres espolones de yeso, y en cada uno hay algo: la fortaleza levantada en 1310 por Francesco Manfredi y terminada por los venecianos en 1508, la torre del Reloj y el santuario. Entre las casas corre la via degli Asini, la calle de los burros, elevada y cubierta por arcos todos distintos. Bajo el pueblo el yeso continúa en el parque de la Vena del Gesso Romagnola, hoy parte del patrimonio de la UNESCO. En otoño se recogen las aceitunas de la variedad Nostrana di Brisighella: su aceite fue en 1996 el primer virgen extra italiano con denominación de origen protegida.
7. Scanno, el pueblo de los fotógrafos
A mil metros entre los montes Marsicanos, Scanno ha entrado en la historia de la fotografía: Henri Cartier-Bresson, Gianni Berengo Gardin y Mario Giacomelli subieron hasta aquí, y en 1964 la foto de Giacomelli conocida como el niño de Scanno entró en la colección del Museum of Modern Art de Nueva York. A los pies del pueblo está el lago de Scanno, el mayor lago natural de los Abruzos. En otoño las hayas de los bosques cercanos, en el borde del Parque nacional de los Abruzos, se vuelven rojas y naranjas, y las callejuelas recuperan el silencio de las fotos en blanco y negro.
8. Sauris, la isla alemana de Carnia
Sauris, Zahre en alemán, es una isla de lengua alemana dentro de Carnia, conservada porque durante siglos solo se llegaba a pie: aquí se habla italiano, friulano y saurano. El lago que se ve hoy es artificial: la presa sobre el Lumiei se construyó entre 1941 y 1948, también con el trabajo de trescientos prisioneros neozelandeses, y el agua sumergió la aldea de La Maina. En otoño los alerces alrededor del lago se vuelven dorados, y en las tiendas se compra el jamón de Sauris, ahumado y protegido por una IGP.
9. Canale di Tenno, sobre el lago de Garda
Tenno tiene un castillo del siglo XII, casas de piedra y el lago de Garda a sus pies. En el término municipal hay también un lago propio, el lago de Tenno, conocido por el color azul de sus aguas, y entre el pueblo y el lago está Canale, una aldea medieval incluida en la lista de los pueblos más bonitos de Italia. En verano se llena por las fiestas de época, en invierno por sus mercadillos de Navidad: el otoño es la estación intermedia, cuando las calles de piedra se recorren a solas y los bosques alrededor del lago cambian de color.
10. Zafferana Etnea y Sant'Alfio, en el Etna
Zafferana Etnea está a 580 metros en la vertiente oriental del volcán, entre bosques y desierto de lava. En 1992 una colada llegó a pocos cientos de metros de las casas, y para detenerla se lanzaron bloques de hormigón desde helicópteros: el pueblo se salvó. Los domingos de octubre son los de la Ottobrata, con miel, setas, castañas y vino del Etna. A pocos kilómetros, en Sant'Alfio, está el Castaño de los Cien Caballos: en 1780 se midió su circunferencia en 57,9 metros, y el Guinness de los récords lo registra como el árbol más grande del mundo; un estudio de 2022 le calculó unos 2200 años (6 de octubre).
Cómo organizarse
En otoño las fiestas se concentran en los fines de semana, y en los pueblos pequeños las camas se acaban pronto: conviene reservar con tiempo y llegar el sábado. Las fechas de las fiestas cambian de un año a otro, así que hay que comprobarlas en las webs de los ayuntamientos y de las asociaciones locales. Cada pueblo de la lista tiene su ficha en BigItalia, con la historia, los lugares que ver y dónde dormir; el viernes 25 de septiembre la agenda estará dedicada a las fiestas gastronómicas de octubre.