Elegir cinco ciudades en un país que tiene cientos dignas de un viaje es injusto por definición. Pero si alguien tiene una sola ocasión de ver Italia, hay cinco nombres que juntos cuentan casi toda su historia: el imperio, la república marinera, el Renacimiento, el reino del Sur y el Mediterráneo árabe y normando. De cada una decimos qué no perderse y damos un consejo para vivirla como la viven sus habitantes, no solo como la fotografían los visitantes.
Las cinco ciudades
1. Roma
Fundada según la leyenda en el 753 antes de Cristo, Roma superpone un templo antiguo, una iglesia barroca y un palacio del siglo XX sin el menor reparo. Su centro histórico es patrimonio de la UNESCO desde 1980, y dentro de los límites de la ciudad está el Estado más pequeño del mundo, el Vaticano. El Coliseo, inaugurado en el año 80 después de Cristo, y el Panteón, cuya cúpula de hormigón sigue siendo, tras casi dos milenios, la mayor jamás construida sin armadura, son las dos visitas por las que empezar; los Museos Vaticanos con la Capilla Sixtina hay que reservarlos con antelación. El consejo: salid al amanecer, cuando las callejuelas del centro pertenecen a los romanos y a los gatos, y perdeos sin mapa.
2. Venecia
La tradición sitúa su nacimiento el 25 de marzo de 421, cuando unos refugiados clavaron pilotes en el barro de la laguna. De ahí salió una ciudad de 118 islas cosidas por puentes y una república, la Serenísima, que duró más de mil años. Venecia y su laguna son patrimonio de la UNESCO desde 1987. El Palacio Ducal, sede del dux y del gobierno de la república, cuenta su poder; el puente de Rialto, de piedra desde 1591, su comercio. El consejo: quedaos a dormir. La Venecia de las siete de la tarde, cuando se van los visitantes de un día, y la de las siete de la mañana, con las barcas de reparto sobre el agua, valen por sí solas el precio del hotel.
3. Florencia
En 1817 Stendhal salió de la basílica de Santa Croce mareado por tanta belleza, y el síndrome que lleva su nombre se entiende todavía. Aquí se inventó el Renacimiento: la cúpula del Duomo, que Brunelleschi cerró en 1436, el David de Miguel Ángel en la Accademia, las salas de la Galería de los Uffizi. El centro histórico es patrimonio de la UNESCO desde 1982, y Florencia fue capital del Reino de Italia de 1865 a 1871; de su lengua literaria nació el italiano. El consejo: cruzad el Arno. El Oltrarno de San Frediano y Santo Spirito es donde la ciudad respira mientras los grupos se amontonan entre el Duomo y el Ponte Vecchio.
4. Nápoles
Nació como Parténope y fue refundada como Neápolis, la ciudad nueva, un nombre que ha durado tres mil años. Fue capital de un reino hasta la unificación de Italia, y su centro histórico, patrimonio de la UNESCO desde 1995, vive todavía sobre la cuadrícula de las calles griegas. El Museo Arqueológico Nacional guarda los tesoros de Pompeya y Herculano; en la capilla Sansevero el Cristo velado esculpido por Giuseppe Sanmartino en 1753 parece cubierto por un velo de verdad. Aquí tiene su sede la universidad Federico II, fundada en 1224, y aquí nació la pizza: el arte del pizzaiolo napolitano es patrimonio inmaterial de la UNESCO desde 2017. El consejo: sfogliatella caliente en el desayuno, Spaccanapoli a pie de punta a punta, y aceptar que el caos es parte del monumento.
5. Palermo
Fundada por los fenicios, capital de un emirato y después de un reino, Palermo es el único lugar donde una catedral normanda, cúpulas árabes y mosaicos bizantinos caben en el mismo encuadre. El itinerario árabe-normando es patrimonio de la UNESCO desde 2015. El Palacio de los Normandos guarda la Capilla Palatina, revestida entera de mosaicos de oro; la Martorana es la iglesia bizantina que dio nombre a las frutas de mazapán. Los mercados de Ballarò y del Capo son mitad despensa y mitad teatro, y la comida callejera está entre las mejores del mundo, empezando por la arancina. El consejo: reservad medio día para Monreale y su catedral de oro, a veinte minutos, y un atardecer para el mar de Mondello.
Cuándo ir
La primavera y el otoño son las mejores estaciones para las cinco: temperaturas suaves, días largos y menos colas que en verano. En agosto Roma, Florencia y Nápoles se vuelven abrasadoras, mientras que Palermo sigue siendo llevadera junto al mar. Venecia tiene su encanto también en invierno, con la niebla sobre la laguna y los palacios vacíos de gente. Para cada ciudad, la ficha de BigItalia recoge los lugares que ver, los platos que probar, las fiestas del año y dónde dormir.