🏖️ Playas y mar

Blue Grotto

📍 Anacapri, Campania · 92/100

El 17 de agosto de 1826 el poeta prusiano August Kopisch, el pintor Ernst Fries, el barquero caprense Angelo Ferraro, el posadero Giuseppe Pagano y el arriero Michele Federico se metieron en una grieta del acantilado que los isleños llamaban la cueva maldita y evitaban con cuidado, convencidos de que dentro vivían espíritus y diablos. Salieron con un nombre nuevo: gruta Azul. Kopisch publicó el relato de aquel día en 1838, en el anuario Italia, y desde entonces pasa por el descubridor de una cueva que no era en absoluto desconocida: el topónimo Gradola aparece ya en una carta de 1696 del Isolario de Vincenzo Coronelli.

Qué ver

La luz que hizo famosa la cueva no entra por la boca, sino por debajo. Justo bajo la grieta se abre una ventana sumergida que filtra la luz del sol: retiene el rojo y deja pasar el azul. Por efecto de la reflexión total, si el mar está completamente quieto el umbral no llega a iluminar la caverna: hace falta un mínimo movimiento del agua. Los objetos sumergidos parecen de plata porque se cubren de burbujas de aire diminutas, cuyo índice de refracción es distinto del que tiene el agua y devuelve la luz.

La sala que se visita es el Duomo Azzurro, veinticinco metros de ancho y unos sesenta de largo, con una bóveda a siete metros sobre el agua que al fondo sube hasta catorce; contando el umbral sumergido, hay treinta y seis metros del fondo al techo. En época romana la cueva era el ninfeo marino de la villa de Gradola. En el ángulo suroeste los romanos nivelaron una plataforma con mortero de ladrillo triturado, y Amedeo Maiuri fue el primero en entender qué había sido aquel lugar; las estatuas de Neptuno y de tritones recuperadas del fondo en los años sesenta, hoy en el museo de la Casa Rossa de Anacapri, le dieron la razón. En 2009 salieron otras siete basas de estatuas, así que abajo siguen quedando figuras. Al fondo de la cavidad, tres galerías llevan a la Sala dei Nomi, cubierta por las firmas de los visitantes del siglo XIX.

La visita

Solo se entra en bote de remos, de cuatro en cuatro y tumbados en el fondo de la barca: la abertura queda poco más de un metro sobre el agua y el barquero suelta los remos para tirar del bote con una cadena fijada en la roca. La cueva cierra en cuanto se levanta el mar o sube la marea, y no es raro que siga cerrada varios días; bañarse está prohibido. Hay dos maneras de llegar: las lanchas que salen de Marina Grande o el camino por tierra desde Anacapri, con el autobús hasta la parada Grotta Azzurra y luego la escalera que baja al embarcadero de Gradola. En ambos casos se paga dos veces, la barca y la entrada, y dentro se está solo unos minutos.

El consejo de la redacción

Nosotros elegimos el camino por tierra y la primera hora de la mañana. Desde Gradola se baja directamente al agua y se embarca antes de que lleguen las lanchas de Marina Grande, que hacia el mediodía descargan decenas de personas de golpe; esperar mar adentro, al sol y en una barca que se mueve, es lo peor de la excursión. Y antes de salir conviene preguntar en el puerto cómo está el mar: con siroco la entrada se cierra y desde Anacapri se baja para nada.

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