El 29 de junio de 1076 el obispo de Albenga, Diodato, concedió a los monjes de San Pietro in Varatella un molino en Toirano: es el primer documento que los nombra, otorgado con el consentimiento de veintidós canónigos de la catedral y de doce milites Sancti Ioannis encabezados por Conradus, abogado del obispado. La abadía, sin embargo, llevaba tiempo allí arriba, fundada por los benedictinos antes del año 1000; la tradición del valle la remonta incluso a la época carolingia, sin que ninguna carta lo confirme.
Qué ver
Lo que se alcanza en la cima del monte Varatella no es una iglesia monumental, sino un edificio de piedra muy reformado, con un reloj de sol pintado en los años ochenta siguiendo el modelo de otro que se había perdido. Dentro hay varias estancias, algunas destinadas todavía a acoger a los peregrinos, mientras que la iglesia es de una sola nave, con la bóveda sostenida por arcos rebajados de época románica, el único elemento que delata la edad real del conjunto.
En el presbiterio se conserva un fresco del siglo XV con san Pedro con vestiduras pontificias; delante se alza un altar de piedra de Finale, la calcarenita clara que se extrae algo más al oeste, consagrado en 1937. Lo demás lo cuentan los avatares de la abadía: los decretos de los obispos de Albenga aumentaron su peso religioso y territorial, los benedictinos vivieron aquí de forma estable hasta 1313, después ocuparon su lugar los cartujos llegados de la cartuja de Casotto, y cuando en 1495 la orden de san Bruno bajó al fondo del valle, cerca de Toirano, empezó para la montaña un abandono lento pero continuo.
La visita
Se llega a pie, subiendo desde el fondo del valle como hace desde hace siglos la procesión de Toirano: la abadía ocupa la cumbre, en posición dominante, y la vista sobre el valle del Varatella y el mar compensa el desnivel. No es un museo con horarios que consultar, sino un lugar de culto todavía frecuentado, abierto sobre todo con motivo de las celebraciones. La más sentida es la del primer domingo de mayo, a la que se suma una procesión que vuelve cada cinco años; antiguamente la peregrinación del valle subía el 1 de agosto, por la solemnidad de san Pedro Encadenado.
El consejo de la redacción
Subimos temprano, con las primeras luces y la cantimplora llena: en la cresta hay poca sombra y en verano la caliza devuelve el calor. Quien disponga de un día entero puede cerrar el círculo abajo, entre las cuevas del valle del Varatella y el pueblo de Toirano, el fondo del valle al que se trasladaron los cartujos cuando dejaron la montaña: desde allí arriba se entiende de un vistazo por qué.
