En el corredor de las Huellas, el suelo de arcilla conserva todavía las pisadas de quienes atravesaron la cueva de la Bàsura hace 12.000 años. Poco más adelante, en un canal natural donde las antiguas riadas los reunieron, yacen miles de huesos de Ursus spelaeus: el oso de las cavernas usó la cavidad como madriguera de hibernación entre 50.000 y 24.000 años atrás, y muchos no volvieron a despertar. Por eso, antes incluso que por sus estalactitas, las cuevas de Toirano se conocen fuera de Liguria.
Qué ver
El recorrido acondicionado atraviesa dos cavidades del sistema kárstico del valle del Varatella: la cueva de la Bàsura, cuyo nombre significa bruja en ligur, y la cueva de Santa Lucia Inferiore. En la Bàsura, pasado el corredor de las Huellas, se baja a la sala del Lago, una lámina de agua habitada por diminutos crustáceos troglobios del género Niphargus, y luego al cementerio de los Osos y a la sala de los Misterios, donde se concentran las señales humanas: pisadas en el suelo, marcas de carbón en las paredes y bolitas de arcilla aún pegadas a la roca. La sala final, el antro de Cibeles, no se alcanzó hasta 1960, y sus concreciones mamelonares son una rareza entre las cuevas turísticas europeas.
La segunda mitad del recorrido cambia de tono. En la Santa Lucia Inferiore no se han hallado fósiles ni rastros humanos, porque su acceso estuvo cerrado durante el Pleistoceno; quedan galerías tapizadas de coraloides blanquísimos con cristales de aragonito y la sala del Panteón, con la columna más grande de todo el itinerario, ocho metros del suelo a la bóveda. El fondo de la cavidad, el Tanone, sirvió de refugio a las familias de Toirano durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; hoy acoge los talleres de arqueología experimental de VaratellaLab, conciertos en verano y, desde 2013, la crianza de vinos espumosos.
La visita
El complejo está abierto al público desde 1953, tres años después de que un grupo de vecinos de Toirano rompiera el diafragma estalagmítico que cerraba las salas interiores de la Bàsura. El itinerario es de sentido único y mide unos 1,3 km: se entra por la Bàsura, en la vertiente norte, y se sale por la Santa Lucia Inferiore, al suroeste, tras cruzar el túnel artificial excavado en 1967 para unir las dos cuevas. Se sube y se baja por escalones, el aire es húmedo y la temperatura no cambia con las estaciones: calzado cerrado y una sudadera incluso a mediados de agosto. Las cuevas quedan en el interior de Borghetto Santo Spirito, a cinco kilómetros de la salida de la autopista A10.
El consejo de la redacción
Reservad media hora más para el Museo Prehistórico del valle del Varatella, abierto desde 2014 en los locales contiguos a la taquilla: reúne los hallazgos de las cavidades de la zona y monta el esqueleto de un oso de las cavernas, que después del cementerio de los Osos se mira de otra manera. Y si subís en verano, preguntad por la cueva santuario de Santa Lucia Superiore: ante su entrada, entre los siglos XV y XVI, se levantó un santuario que solo abre en los meses cálidos.
