En Carmagnola el pimiento es cosa seria: la feria nacional de finales de verano, una de las mayores del Piamonte, celebra desde hace más de setenta años las cuatro variedades locales, el cuadrado, el largo, la peonza y el tumaticot, que los campesinos de la llanura del Po han hecho famosas en toda Italia; una vez cocinaron aquí un pisto de pimientos de mil ciento noventa kilos, que el Guinness registró como el mayor del mundo. Antes del pimiento, sin embargo, la riqueza era el cáñamo: estas tierras arenosas lo hacían crecer bien, y de aquí salían sogas, estachas y lonas para las marinas de Liguria y para Marsella.
El casco antiguo, con sus soportales y sus iglesias barrocas, recuerda el marquesado de Saluzzo disputado entre Francia y Saboya; aquí los marqueses tuvieron una ceca, que acuñó entre otras una moneda llamada el Cornuto, con el emperador Constantino a caballo. Por estos parajes nació, hacia 1382, Francesco Bussone, el capitán de fortuna al que todos llamaban il Carmagnola y a quien Manzoni dedicaría una tragedia. Ser plaza fuerte, por lo demás, se pagó: a mediados del siglo diecisiete tres arrabales extramuros fueron demolidos porque estorbaban la defensa, y la gente los reconstruyó una milla más allá, donde siguen; y en 1799 el arrabal de Salsasio, que había rechazado a los franceses, fue incendiado como represalia. Turín está a media hora: aquí, en cambio, el calendario lo sigue dictando la huerta.