Las murallas timoleónticas son antiguas fortificaciones helenísticas de Gela, levantadas en el siglo IV a. C. sobre el promontorio del barrio de Capo Soprano por Timoleonte, el caudillo corintio del que toman el nombre. Construidas en técnica mixta, eran famosas por su solidez: Agatocles las usó como avanzada inexpugnable en su guerra contra los cartagineses. Por su estado de conservación, las fuentes las consideran entre las fortificaciones helenísticas mejor conservadas del mundo.
Qué ver
El basamento está formado por dos paramentos de bloques de calcarenita, a menudo almohadillados por fuera, con un emplekton (relleno) de mampuesto y tierra; la parte alta es de adobe dispuesto en hiladas regulares, unido por una fina capa de arcilla y arena y quizá enlucido de rojo en origen. Las murallas, de 360 metros de longitud, fueron descubiertas en febrero de 1948 por Vincenzo Interlici, un campesino que tenía una huerta en aquella zona, entonces cubierta por altas dunas de arena: soñó con un tesoro escondido en su terreno, se puso a cavar y vio emerger grandes bloques de piedra escuadrada. Las excavaciones, dirigidas por el arqueólogo Pietro Griffo, sacaron a la luz el recinto de la ciudad helenística reconstruida por Timoleonte en 339-317 a. C., tras la destrucción cartaginesa de 405 a. C. Gracias a las dunas, las murallas se conservaron en unas tres cuartas partes; el cuarto que quedó al descubierto fue expoliado en época medieval y hoy solo queda su trazado. Entre 1948 y 1954 Interlici siguió viviendo en el sitio y fue su guardián oficioso, contando el descubrimiento a todos los visitantes.
Entre los elementos característicos hay, en el lado sureste, un muro de contrafuertes en forma de peine añadido en época posterior, con bloques reutilizados; en el lado sur, una poterna ojival, nunca terminada por urgencias militares y cerrada durante la obra con una cortina de adobe aún visible; en el lado norte, una poterna de puerta recta y uno de los dos tramos de escalera a los caminos de ronda, también nunca acabado; y tres canalillos de desagüe en la base. Cerca de la poterna ojival se ve además una estancia cuadrangular que fue una vivienda posclásica, con un hogar de cocción en el ángulo. Tras el descubrimiento, para proteger las murallas, en los años sesenta el arquitecto Franco Minissi las cubrió con láminas de cristal, una solución que pronto resultó un fracaso por el efecto invernadero que creaba; desde 1994 una larga restauración dirigida por Rosalba Panvini ha retirado el vidrio y ha rellenado los ladrillos que faltaban con ladrillos nuevos, bien distinguibles por el color, y en 2009 se instaló una estructura tensada de cubierta modular, con membrana de fibra de vidrio recubierta de PTFE y marcos de acero COR-TEN.
La visita
Las murallas están en una amplia zona demanial entre la ciudad moderna y la costa, al oeste del puerto de refugio, en un parque: en los años ochenta la Soprintendenza instaló allí una valla para proteger el sitio y permitir la entrada de visitantes con billete, y el parque acoge a menudo conciertos, representaciones teatrales y competiciones deportivas. Los horarios y los precios no constan en las fuentes consultadas: conviene comprobarlos con la Soprintendenza o con el Ayuntamiento. En julio de 2026 las universidades de Mesina y del Sur de Florida anunciaron una campaña de cartografía 3D de las murallas.
El consejo de la redacción
Buscad la poterna ojival del lado sur: tras una esquina de la cortina, oculta a los enemigos, tiene dos huecos para alojar el pasador de seguridad de madera y el cerrojo, descubiertos en 1995, pero la hoja nunca se colocó porque los repetidos asedios de Agatocles, entre 317 y 309 a. C., impusieron otras prioridades. En 1997 Correos de Italia dedicó a las murallas un sello de 750 liras.




