El anfiteatro romano de Lucera está en la periferia este de la ciudad y es de los más antiguos de la Italia meridional, más antiguo que el Coliseo. Se construyó en el siglo I en honor de Octavio Augusto, bajo el cual Luceria vivió su periodo de mayor esplendor. Lo mandó levantar a su costa, en un terreno de su propiedad y aprovechando una depresión natural, el magistrado lucerino Marco Vecilio Campo: lo atestigua la inscripción de los arquitrabes de las portadas de entrada. Probablemente resultó dañado en 663, cuando el emperador Constante II conquistó la ciudad; abandonado, sirvió de cantera de piedra y poco a poco quedó enterrado.
Qué ver
La planta es elíptica, de casi 127 metros de largo, y se estima que podía acoger entre dieciséis mil y dieciocho mil espectadores. En el eje mayor están las dos portadas, enmarcadas por columnas jónicas, una hacia la ciudad y otra hacia Foggia: en el arquitrabe se lee la inscripción que recuerda a Marco Vecilio Campo. Otros dos accesos se abrían en el eje menor.
La arena está delimitada por un canal de recogida de aguas y por un podio en el que se abren cuatro accesos. Debajo hay excavada una larga galería de servicio, a la que confluían también las aguas de lluvia. Aquí se celebraban los juegos del anfiteatro: las luchas entre animales, las ejecuciones de los condenados y los combates de gladiadores.
La visita
Los primeros restos significativos salieron a la luz el 13 de octubre de 1932; las excavaciones y restauraciones las dirigieron primero Quintino Quagliati y después Renato Bartoccini. Entre 2006 y 2009 la zona tuvo una nueva intervención de recuperación. Conviene comprobar con el Ayuntamiento de Lucera los horarios y la forma de entrada.
El consejo de la redacción
El anfiteatro ha vuelto a acoger espectáculos: con la última restauración, en el sector curvo occidental se construyeron gradas para unos mil asientos, pensadas para eventos musicales, teatrales y culturales. En verano se celebra aquí un ciclo, y conviene mirar el calendario antes de ir.




