Sobre la puerta de la pequeña capilla abierta en el basamento hay empotrado un ladrillo de la puerta santa de Roma, colocado en memoria del año santo 1932. Ese detalle explica mejor que ningún otro qué es la cruz monumental del monte Beigua: no un signo plantado en la cresta, sino un edificio de verdad, de hormigón armado, con una capilla en la base y una escalera en el fuste. Se levantó entre aquel año y 1933, a 1267 metros de altitud, 700 metros al oeste de la cima, en el término de Sassello.
Qué ver
La cruz mide 18,50 metros de alto y casi 7 metros de brazo a brazo: proporciones de campanario, no de hito de sendero. Dentro, una escalera sube hasta uno de los brazos y desde allí, con el aire limpio, la vista llega a Córcega y abarca buena parte del arco alpino noroccidental, con las dos rivieras y la llanura del Po abajo. La capilla del basamento es diminuta, excavada en el grosor de la obra.
A pocos pasos está el santuario de la Regina Pacis, unido a la cruz por un via crucis esculpido por Emilio Demetz e inaugurado en 1937. Las estaciones acompañan el tramo de cresta entre ambos edificios: recorrerlas en orden, en lugar de ir directos a la cruz, es la forma correcta de leer el conjunto, porque ese via crucis se hizo justamente para unirlos.
La visita
El Beigua alcanza los 1287 metros y está dentro del Parco naturale regionale del Beigua, reconocido como geoparque. Se sube en coche por la carretera asfaltada que arranca de Alpicella, sobre Varazze, o por la vertiente de Urbe pasando por Piampaludo y Prà Riondo; por la cumbre pasa la Alta Via dei Monti Liguri, así que muchos llegan a pie. Arriba están las antenas de la RAI y un refugio-hotel con restaurante, útil si el tiempo cambia. La cruz está al aire libre y no tiene horarios, mientras que la capilla y la escalera interior no siempre están abiertas: cuente con verla solo por fuera.
El consejo de la redacción
Subimos después de un frente, cuando la tramontana ha limpiado el aire: es la única condición en la que el perfil de Córcega se separa de verdad del horizonte, y sin esa vista la subida pierde la mitad de su sentido. Aconsejamos dejar el coche en Prà Riondo y hacer el último tramo por la cresta, primero santuario y via crucis y la cruz al final. Calzado cerrado incluso en agosto: aquí arriba la hierba sigue mojada hasta media mañana y la cresta, abierta, recibe todo el viento que pasa.
