Este sitio se llamaba Torresana y pertenecía a la abadía de San Colombano de Bobbio: su corte era una de las posesiones más vastas y rentables del monasterio, y los frailes la repartieron entre cuarenta y siete livellari, es decir arrendatarios, que rendían no solo por los campos y los rebaños sino también por el tránsito de mercancías y de personas entre la llanura padana y las ciudades de Génova y Lucca. Hacia el año mil dos de aquellos arrendatarios, los Platoni y los Lusardi, mal vigilados desde Bobbio, empezaron a considerar las tierras y las rentas que se les habían confiado en gestión como cosa propia, y a repartírselas entre los herederos: de aquella apropiación silenciosa nacieron las familias que harían la historia del valle. Luego los Platoni se dieron cuenta de que no lograban controlar lo que se habían quedado, y en la primera mitad del siglo doce juraron fidelidad y vasallaje al municipio de Piacenza, adoptando sus leyes y estatutos — que regirían la vida de esta comunidad también en los siglos siguientes.
En el siglo trece llegaron al valle los Fieschi, poderosa familia genovesa, y durante doscientos años se disputaron con los Landi de Piacenza el poder sobre lo que las fuentes llaman la República de Borgo Val di Taro, dejando señales de buen gobierno documentadas por los capítulos pactados con la comunidad. Los Fieschi dejaron el Borgo en 1547, tras la fracasada conjura de Gianluigi Fieschi contra Andrea Doria, en la que habían participado muchos borgotareses. Volvieron los Landi, que se comportaron de manera tan vejatoria que fueron expulsados el veintitrés de febrero de 1578. Y en la lista de la nobleza civil que se formó más tarde bajo los Farnesio — Bertucci, Boveri, Capredasca, Fenaroli, Manara, Piccenardi, Ruinaglia y otros — siguen estando los Platoni y los Lusardi, siete siglos después de haberse quedado con las tierras de la abadía. Entre 1941 y 1943 Borgotaro fue uno de los municipios parmesanos destinados al internamiento libre de judíos extranjeros: vivieron aquí en domicilio forzoso más de cuarenta refugiados llegados de los Balcanes y de Dalmacia, y después del ocho de septiembre, con la ocupación alemana, se dispersaron logrando todos evitar la captura y la deportación. Todos menos una: el treinta de noviembre de 1943 fue detenida aquí Dora Klein, polaca, licenciada en medicina en 1936.